Allan Mancilla

En cierto modo, un artista es lo mismo que un fenómeno; un ser distinto a los demás. Así, aunque para otros artistas la inspiración les llega de sus símiles, de los colegas o maestros que influyen en sus obras, Mancilla infla su aparato creador desde la tragedia de John Merrick, también conocido como El Hombre Elefante. Su vida, su dolor, pero sobre todo, su pensamiento, son el leit motiv de un artista que no se deja seducir por la estética fantoche de las convenciones sociales. Lo bonito, lo bello, no interesa al artista, que sabe lo rebasado de este término.

Para él lo interesante viene de lo intangible, lo invisible y lo incierto, juegos del azar donde uno puede perderse descifrando sensaciones y fragmentos de lo desconocido. Y en el proceso, desnudarse, despojar de sí las banalidades y lo superfluo. Al igual que Merrick, Allan es analizado, se convierte en el portador de lo inusual, del aura o la mancha con el que marcamos a los que no son normales.

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